La norma sismorresistente en Colombia volvió a concentrar la atención tras el doblete sísmico en Venezuela que se sintió en ciudades como Cúcuta, Bucaramanga, Medellín y Bogotá. La Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica (AIS) alertó que el mayor riesgo sigue en los edificios anteriores a 1984, mientras la UNGRD insistió en preparación ciudadana y reportes para medir afectaciones.
La frontera de 1984 y por qué no basta con “cumplir el diseño”
El presidente ejecutivo de la AIS, Gilberto Areiza, aseguró que el país no está “no muy bien” en estadísticas de actualización de edificaciones frente a un sismo de gran magnitud. Según explicó, el principal freno suele ser el costo de las intervenciones, lo que deja pendientes obras justamente donde hay más incertidumbre técnica.
Areiza subrayó una línea divisoria: con la Ley 400 del 7 de junio de 1984 se elevaron los requisitos para nuevas construcciones. Luego vinieron actualizaciones en 1998 y 2010 que hoy se consolidan en la NSR-10. En cambio, en inmuebles levantados antes de 1984 el comportamiento ante un sismo depende en buena parte de cómo se ejecutaron en su época.
A ese rezago se suma, según la AIS, un punto crítico menos visible: el control durante la obra. El gremio sostiene que un buen cálculo no garantiza el desempeño si falla la supervisión técnica. Entre los ejemplos, Areiza mencionó el curado deficiente del concreto, que puede significar una pérdida de hasta un 50% de la resistencia prevista en el diseño.
Edificios antiguos: el estudio de vulnerabilidad como primer paso
Para inmuebles pre-1984, la ruta técnica arranca con un estudio de vulnerabilidad estructural que compare el estado real del edificio con la norma vigente y trace una hoja de ruta de rehabilitación. En esa lógica, Areiza citó como caso el Hospital San Juan de Dios en Cali, una edificación de 1829 que calificó como indispensable y que, según su explicación, no ha recibido intervenciones mayores por falta de recursos.
La advertencia de la AIS no apunta solo a patrimonio o edificaciones históricas. El énfasis está en el universo de construcciones más antiguas que siguen en uso y que, por su fecha y por el nivel de control técnico disponible en su momento, requieren diagnóstico para saber si están por debajo de los estándares actuales.
UNGRD y Servicio Geológico: el mapa del impacto depende también de la gente
Desde la UNGRD, su director Javier Pava afirmó que Colombia tiene hoy mayor capacidad para atender emergencias asociadas a terremotos, a partir de lecciones de eventos anteriores. En su planteamiento, el reto no es únicamente institucional: también influye el comportamiento social durante y después del movimiento.
En ese sentido, Pava pidió una reacción informada para reducir el pánico y los efectos indirectos que pueden agravar una emergencia. Además, destacó el monitoreo del Servicio Geológico Colombiano (SGC) e invitó a reportar en la plataforma oficial cuándo y dónde se sintió un temblor, con el fin de precisar el mapeo del impacto.
En paralelo, la AIS informó que trabaja con el Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio en una propuesta de actualización normativa para mantener los estándares científicos aplicados a la sismorresistencia. Mientras esa discusión avanza, el llamado del gremio insiste en dos frentes: reforzar lo existente —en especial lo pre-1984— y fortalecer hábitos de prevención y respuesta.
















