Brigitte Baptiste-Ballera, una de las biólogas y ecólogas más importantes del momento, escogida en 2024 por BBC como una de las cien mujeres que inspiran e influyen en el mundo, escribió siete ensayos como una guía para que los lectores encuentren ideas y herramientas que les permitan transitar a su manera el cambio que el mundo está experimentando.
Se trata del libro ‘Transecología’, una guía patafísica para habitar las transformaciones de mundo.
Desde lo que bautizó como ecología queer, invita a revisar la forma de consumir, el patrón de poblamiento global y la proyección demográfica que sumados a la revolución digital y a una transición energética obligatoria que ayudarían a ganar tiempo para entrar en un nuevo ciclo de transformaciones de la Tierra, evitar nuestra extinción y la de miles de formas de vida no humana.
Una obra que ha sido calificada como audaz, con propuestas creativas y transgresoras inspiradas en el profundo respeto y amor por la vida y el mundo.
El Prólogo estuvo a cargo de Germán I. Andrade: «Así las cosas, emerge en el concepto de ecosistema (palabra que ya se usa en muchas acepciones desde las ciencias biofísicas o socioecológicas hasta la teoría organizacional) una dimensión no suficientemente explorada. Y creo que —al menos, para mí— es inédita. El ecosistema como un constructo comunicacional, del cual Brigitte ya es maestra. Es decir, una palabra compleja que hace referencia a los famosos problemas insolubles o perniciosos, y que tiene un valor heurístico, ante todo. Una palabra que nos pone a conversar sobre lo que sería una ecología crucial. Así las cosas, a lo largo del libro es posible que el lector —al final, o mientras avanza— pueda afirmar que ya no sabe qué quiere decir la palabra ecología, al abrazar tantos significados en juego».
Y en otros de los apartes del prólogo: «Tengo la convicción de que este es un texto inconcluso, al cual le faltaría, siguiendo el enfoque del libro de ilustrar para intervenir, un concepto de cierre, el cual sería una ‘ecología en un mundo (sujeto objeto) en riesgo’, en el sentido de la metamorfosis que propone Ulrich Beck5. Le falta, en este sentido, a este libro un cierre, que no sería ya solo ecología, en el sentido de las varias fuentes revisadas, sino una epistemología completa del mundo perdido por naturaleza y del reconstruido por el diseño. Sería Brigitte una referente fundadora de la ecología de la metamorfosis del mundo en su propia persona. Una ecología crisálida. Más que frente a una ecología trans, estaríamos apenas frente a un largo prefacio de una metamorfosis en su ecología vivida. Quienes la leen hoy tendrán en sus manos un sugerente texto para estudiar, criticar y, sobre todo, disfrutar. Gracias, Luis Guillermo Brigitte”.
Brigitte Baptiste-Ballera es una bióloga colombiana egresada de la Pontificia Universidad Javeriana, con una Maestría en Estudios Latinoamericanos con énfasis en Conservación y Desarrollo Tropical de la Universidad de La Florida. Es Doctora Honoris Causa en Gestión Ambiental de Unipaz y también Doctora Honoris Causa en Leyes por la Universidad de Regina.
Además, fue subdirectora de investigaciones y luego directora del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander Von Humboldt por casi diez años, y desde 2019 se desempeña como rectora de la Universidad EAN, institución de educación superior enfocada en el emprendimiento sostenible.
Es considerada una experta en temas ambientales y de biodiversidad y es una importante líder en diversidad de género. También ha sido un referente en la consecución de importantes puentes entre la política, la academia, la ciencia y las artes.
Estos son algunos de los temas claves que Brigitte Baptiste-Ballera desarrolla en los siete ensayos que hacen parte de este libro.
EL AZAR
“Panarquía llamamos a esta visión ecológica del mundo contemporáneo, una idea que florece tras décadas de conversaciones transdisciplinarias en las que los preceptos de la física, la química y la biología clásicas se pusieron patas arriba y propusieron un dominio en el cual el azar representaba una proporción fundamental del cambio, tal como la evolución molecular había predicho en el caso de la selección natural. Las ciencias sociales y humanas tuvieron un papel clave en la desestabilización del andamiaje de las exactas, más pretenciosas, así en las academias sean tildadas (con razón) de subversivas, por contrariar su propio precepto de falsación: hay que ser muy maduros para promover el continuo cuestionamiento al conocimiento, que tanto esfuerzo nos cuesta; especialmente, en los países pobres. En la transdisciplinariedad, sin embargo, las cargas se distribuyeron mejor y muchos matrimonios felices florecieron”.
TRANSECOLOGÍAO
“El reconocimiento de la ecología como una disciplina hermenéutica —es decir, que provee herramientas para la interpretación de la complejidad de los sistemas vivientes en sus contextos inanimados— obliga a aceptar que los ecosistemas son entidades emergentes, que se construyen colectivamente y que, si bien poseen una base material concreta que puede designarse de muchas maneras, se basan en una negociación intra e intercultural; de ahí que las nociones de institucionalidad ecológica y construcción de confianza para la acción colectiva sean fundamentales. Al final, lo que cuenta es el acuerdo para la construcción de escenarios y modelos funcionales de los sistemas que habitamos y transformamos bajo parámetros más o menos compartidos, el reto político de la transecología”.
FISURAS Y CAMBIOS
“También en las fisuras de todo sistema de clasificación —cuando, obviamente, las categorías ontológicas se debilitan por el cambio— aparecen las innovaciones que acabarán por agrietar las lógicas que dotaban de ‘solidez’ al modelo del mundo… Se inventan identidades, con mayor o menor plausibilidad. Pero ni en el territorio ni en medio de la complejidad hay infinitas formas de ser, y por ello hay ciertas convergencias (atractores) que replantean la noción de lo ‘nativo’ (refundarse). Podemos devenir nativos; de ahí la invención de la neorruralidad, o la innovación étnica, no como derivados de linajes de sangre, sino de sentido (migración y aprendizaje)”.
MÁS ALLÁ DE LO VERDE
“Así como pensamos a veces que la ecología es el estudio de lo verde y del comportamiento de la vida sin humanos, nos imaginamos lo cíborg como un entramado de cables haciendo mover un sapo muerto, el mito de Frankenstein redivivo. Cierto: una humana blandiendo un hacha o un azadón no son cíborg, pero tan pronto como el hacha deviene en dron, para la guerra o para la paz, estamos hablando de una nueva transfiguración, una transcripción o, a veces, una simple traducción. O como en la famosa tira cómica Calvin y Hobbes, en una transmogrificación. Cambiaron las instrucciones, la cualidad de la información, y se modificó el producto, y lo que estaba basado en un algoritmo de ADN pasó a ser una narración creativa para construir herramientas que luego dieron lugar a los lenguajes de programación y los computadores. Estos últimos, con suficiente capacidad como para tener instrucciones para crear instrucciones: máquinas con inteligencia, aún sin emociones, pero capaces de simular todo al punto de hacerlo indistinguible de lo preexistente, incluso en su comportamiento. La plausibilidad, núcleo de las discusiones estéticas de la historia humana, se convierte en el reto más complejo para las ecologías del metaverso”.
HUMANO VS. MUNDO
“A primera vista, podría concluirse que la defensa de la diversidad de aproximaciones subjetivas derivadas del uso de la ecología como herramienta heurística hace derrumbar las posibilidades de un acuerdo ontológico definitivo acerca de lo humano y su posición en el mundo. Pero no se trata de relativizar todo para que nada tenga consecuencias: tal como se plantea, sigue siendo necesario adoptar un punto de partida para establecer cierta disposición a la pluralidad identitaria de cualesquiera que sean las entidades que participan de los sistemas de relaciones, y reconociendo que aún esa perspectiva es situada y parcial; nadie dijo que para existir había que ser lo uno o lo otro. Tal vez la mejor imagen para invitar a conversar a la humanidad, desde la aporreada Modernidad, sea la de un “enjambre cuántico” capaz de representar las entidades ecológicas como nubes de entidades ecológicas, cada una de ellas con sus respectivas dinámicas, sus estabilidades y sus incertidumbres, con su plasticidad. Eventualmente, la esquizofrenia de ser una y múltiple, como en un organismo colectivo”.
(Colprensa)