Colombia registró descensos en lectura y matemáticas en PISA 2025, la evaluación aplicada a estudiantes de 15 años, y se mantuvo por debajo de los promedios de la OCDE en las tres competencias medidas. Ciencias fue el único campo con una variación favorable.
PISA 2025 en Colombia
El resultado nacional en lectura fue de 399 puntos en lectura, frente a 409 en 2022 y 425 en 2015. La puntuación quedó por debajo del promedio de 461 de la OCDE, de los 436 obtenidos por Chile y de los 535 de Singapur. Colombia también se ubicó detrás de Chile, Uruguay, Costa Rica, México y Brasil.
Matemáticas conservó el resultado más bajo entre las áreas evaluadas. El país pasó de 383 puntos en 2022 a 381 puntos en matemáticas en 2025. La OCDE promedió 463 puntos, Uruguay alcanzó 405 y la región china B-S-J-Z llegó a 605.
Ciencias fue la única competencia que mejoró. Colombia pasó de 411 a 414 puntos en ciencias, un avance de tres puntos. Aun así, el resultado permaneció por debajo de los 482 puntos de la OCDE, los 445 de Uruguay y los 597 de B-S-J-Z.
La distancia frente al nivel mínimo
La brecha en lectura se reflejó en los niveles de desempeño. El 55 % de los estudiantes quedó por debajo del nivel mínimo en lectura, frente al 31 % registrado en los países de la OCDE y al 43 % que tenía Colombia en 2015. Para PISA, el nivel 2 corresponde al umbral mínimo de competencias esperado a esta edad.
En matemáticas, el 71 % de los estudiantes colombianos no alcanzó el nivel 2, mientras esa proporción fue del 35 % en los países de la OCDE. Menos del 1 % de los alumnos del país llegó a los niveles superiores 5 y 6 en esa competencia.
En ciencias, la mitad de los estudiantes colombianos no alcanzó el nivel 2, frente al 26 % que promedió la organización. El incremento de tres puntos en esa área no modificó la distancia con los referentes comparados en la evaluación.
Las lecturas sobre el resultado
Walter Abondano, presidente de la Asociación Colombiana de Educación Privada y rector del Gimnasio Colombobritánico, sostuvo que los resultados no se resuelven únicamente desde las aulas. A su juicio, los currículos deberían dar prioridad al análisis de problemas y a la aplicación de conocimientos, en vez de la memorización, y las matemáticas tendrían que abordar situaciones reales.
Sobre la lectura, Abondano identificó dificultades para relacionar información, interpretar distintas fuentes y construir una posición crítica que vaya más allá de la comprensión literal. También vinculó el desempeño con las horas reales de estudio, la preparación docente y el acompañamiento familiar.
El directivo cuestionó la reducción de los hábitos de lectura en los hogares y el tiempo frente a pantallas. Señaló, sin embargo, que la tecnología puede respaldar los procesos educativos si no sustituye el esfuerzo individual de los estudiantes.
Francisco Cajiao, analista educativo, consideró que la cohorte evaluada en 2025 pudo haber vivido con mayor intensidad las interrupciones de la educación presencial durante sus primeros años de formación. Esa apreciación se refiere a una posible incidencia en el recorrido educativo de los alumnos evaluados.
Romina Durán, jefa de Investigación del Instituto de Evidencia Educativa, subrayó que el desafío incluye garantizar competencias lectoras que permitan aprender, evaluar información y desenvolverse en un entorno atravesado por la tecnología y la inteligencia artificial. Los resultados de 2025 dejaron a lectura y matemáticas en descenso, pese a la mejora puntual de ciencias.











