martes, enero 20, 2026
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Cuando la calificación no ve el conflicto: alerta al mercado desde una filial del Grupo EPM

Escrita por: Carlos Roncancio

La Electrificadora de Santander (ESSA), filial del Grupo Empresarial EPM, mantiene hoy una de las más altas credenciales de solvencia dentro del mercado colombiano: calificación crediticia AAA(col) con perspectiva estable. Sus indicadores financieros también respaldan esa evaluación: en 2024 reportó ingresos operacionales cercanos a $2,25 billones, una utilidad neta aproximada de $252.159 millones, y una cobertura de servicio superior a 941.000 clientes, con una posición de caja destacable.

Sin embargo, hay un riesgo que rara vez se refleja en los balances, pero que históricamente se ha convertido en detonante de crisis empresariales y pérdidas reputacionales: la mala gestión del conflicto laboral y de la negociación colectiva.

ESSA enfrenta actualmente una negociación con trabajadores afiliados a SINTRAELECOL en Bucaramanga, Barrancabermeja, Socorro, San Gil y Barbosa. El proceso se encuentra en fase de prórroga y, de no alcanzarse un acuerdo, el paso siguiente podría ser una huelga. No se trata de un incidente puntual, sino de una controversia de alcance departamental, con impacto potencial sobre la operación en Santander y sus zonas de influencia.

El punto más sensible de la negociación es el incremento salarial, precisamente porque la Convención Colectiva vigente en su Artículo 22 ya contempla reglas objetivas de ajuste, dentro de las cuales se incorpora como referencia el Salario Mínimo Legal Mensual Vigente (SMLMV). En ese marco, la discusión no gira sobre una propuesta improvisada, sino sobre la preservación de una regla convencional preexistente.

No obstante, las posiciones hoy se encuentran separadas por una brecha aproximada de 18 puntos porcentuales: mientras la organización sindical sostiene el referente convencional cercano al 23,7%, la empresa plantea una fórmula alrededor de 5,3%, con ajustes adicionales. En términos prácticos, esa diferencia no es marginal: altera de manera estructural el alcance del aumento, redefine el poder adquisitivo real de los trabajadores y reconfigura el equilibrio económico de la Convención.

Adicionalmente, debe advertirse que el debate no se limita al incremento salarial básico. La negociación también incorpora otros incrementos y ajustes complementarios de naturaleza económica, cuyo efecto acumulado incide en el costo laboral integral y en la estabilidad del acuerdo colectivo como instrumento de sostenibilidad y paz laboral.

De acuerdo con información pública, ESSA combina una política consistente de distribución de excedentes, destinando el 100% de las utilidades susceptibles de reparto al pago de dividendos, con un plan de inversiones estimado en $1,5 billones para el periodo 2025- 2028, orientado al fortalecimiento y modernización de su infraestructura y capacidad operativa.

Precisamente por la magnitud de ese plan, la compañía requiere contar con su activo estratégico más determinante: sus trabajadores, quienes son los que materialmente convierten la inversión en ejecución, operación continua, calidad del servicio y sostenibilidad técnica. En ese escenario, la estabilidad laboral y la confianza en el diálogo social no son un factor accesorio, sino una condición habilitante para que el plan de inversión se cumpla en tiempos, costos y estándares. Por ello, cualquier escalamiento del conflicto no solo tensiona la relación interna, sino que puede introducir riesgos de ejecución que el mercado no debería subestimar.

Este dato no invalida la rentabilidad de la compañía, pero sí cambia el lente: el conflicto laboral ya no se discute solo como “un costo”, sino como una prueba de coherencia estratégica entre inversión, dividendos y gobernanza interna.

En los marcos modernos de gestión, la discusión laboral no es solo un asunto sindical; es un asunto de gobernanza. Los criterios ESG consideran las relaciones laborales dentro del componente social y, con mayor fuerza, dentro de la “G” de gobernanza, especialmente cuando el diálogo social se fractura.

Aquí emerge una idea clave: el derecho de huelga no debería leerse como amenaza financiera en sí misma, sino como una señal de alerta institucional frente a fallas graves en la conducción del conflicto. La destrucción de valor rara vez proviene del hecho mismo de la controversia; suele provenir de su negación, su manejo por imposición o su tratamiento como problema de orden público en vez de un asunto de sostenibilidad corporativa.

Un hallazgo relevante es que en el análisis reciente de calificación se identifican sensibilidades como el deterioro del perfil crediticio del accionista y el apalancamiento, pero no se menciona explícitamente el riesgo de conflicto laboral, huelga, interrupción operacional o deterioro de gobernanza laboral como factor de sensibilidad.

Esto puede significar varias cosas: que el riesgo se considera no material para solvencia, que el historial de la empresa muestra capacidad de resolución, o que el riesgo se incorpora implícitamente por vía de otras variables financieras. Pero para el mercado, el punto es otro: lo que no se menciona, no desaparece; simplemente se vuelve menos visible hasta que se convierte en hecho.

Cuando un conflicto laboral se intensifica en una filial de un grupo como EPM, el riesgo deja de ser estrictamente local y pasa a un plano de reputación corporativa y confianza institucional, con capacidad de contagio hacia la percepción del conglomerado.

Las calificaciones crediticias rara vez se deterioran por sorpresa. Suelen deteriorarse cuando el mercado no escuchó a tiempo las señales internas.La pregunta no es si ESSA es una compañía sólida; lo es. La pregunta es si su sostenibilidad futura será protegida con diálogo social real, o expuesta a un riesgo innecesario por una mala gestión de la negociación colectiva.

Más que un debate de porcentajes, este es un punto de decisión estratégica: ESSA tiene por delante un plan de inversiones cercano a $1,5 billones (2025 – 2028), y su ejecución exige algo que ningún indicador financiero reemplaza: la confianza y el compromiso del grupo de interés más determinante, sus trabajadores, verdaderos motores de la operación y del crecimiento.

La clave es el liderazgo de servicio y capitalismo consciente, la salida no está en “contener” el conflicto, sino en resolverlo con inteligencia: recuperar el poder adquisitivo del salario con reglas claras ya existentes no solo fortalece la paz laboral, sino que eleva la productividad, reduce fricciones internas y convierte la negociación colectiva en un activo de competitividad y ejecución.

FUENTES VERIFICADAS

  • Referencias
  • [1] Fitch Ratings. (2025, 29 de mayo). Fitch Afirma Calificación de ESSA en «AAA(col)»; Perspectiva Estable. Obtenido de https://www.fitchratings.com/research/es/corporate-finance/fitch-affirms-essas-rating-at-aaa-col-outlook-stable-29-05-2025
  • Estados Financieros de ESSA 2024 (Auditoría Contraloría Distrital de Medellín).
  • Análisis del comportamiento financiero de la empresa Electrificadora de Santander filial del grupo EPM por Javier Tovar Márquez, enero 2026.
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