Por: Juan José Aux
No hay nada más frustrante que arrancar con una idea y escuchar, antes de intentarlo siquiera, la sentencia automática: «no se puede». Sin haber intentado. Sin haber pensado cómo. Ese “no” anticipado es una forma de rendirse antes de empezar. Y lo peor es cuando se vuelve costumbre: equipos estáticos, personas que no crecen, ideas maravillosas sepultadas en un cajón y proyectos que mueren antes de nacer.
El problema del “no se puede” es que frena la mentalidad. Cuando alguien instala esa lógica, deja de buscar caminos, deja de intentar alternativas y se queda cómodo en la excusa. Ningún proyecto nació en condiciones perfectas, siempre se logran bajo la adversidad. ¿Se imaginan si Michael Jordan hubiera aceptado que “no se puede” después de ser excluido de su equipo escolar? ¿O si Nelson Mandela hubiera asumido que cambiar su país era imposible?
Hay una anécdota de Marcelo Bielsa que siempre la llevo presente. Contaba que llevaba en su billetera la imagen de unos niños africanos jugando billar en una mesa hecha de barro, con bolas de barro y tacos construidos con ramas. Y repetía una idea sencilla: todo es posible en la medida de las posibilidades. No se trata de tenerlo todo, sino de hacer algo con lo que se tiene. De avanzar, incluso cuando las condiciones no son ideales.
Tal vez no podamos tener todo lo que queremos para lograr el objetivo. Tal vez no contemos con el mejor escenario ni con los mayores recursos. Pero siempre podemos hacer algo en la medida de nuestras posibilidades. Y muchas veces, eso basta para empezar a cambiar el resultado. Esto aplica para el deporte, para el trabajo y para cualquier sueño que valga la pena intentar.



